La “refundación” del capitalismo iniciado por naciones europeas, deja indiferente a los USA que parecen indicar con su actitud lo fútil que les resulta el empeño. Así, deja claro que la reunión mundial a celebrar en suelo norteamericano el próximo 15 de noviembre, no cuenta ni con su entusiasmo ni casi con su aprobación, adoptando el papel de simple anfitrión que está dispuesto a “escuchar” lo que otros tengan a bien proponer, hasta el extremo de impedir la presencia de un zapatero remendón al que desprecia y humilla admitiendo oír sus opiniones a través de terceros.
Los USA han sido el imán de la codicia financiera mundial y también de ahí ha partido la infección de falsos activos que a modo de fusible ha cortocicuitado al capitalismo y a toda su gangrenada red. Las consecuencias las pagarán todas las Naciones por partes alícuotas en función de la “calidad” de la mercancía adquirida y al precio que la historia haya puesto en cada una de ellas. Pero el balance ha dejado a Norteamérica en la mejor disposición para afrontar los retos inmediatos aún teniendo millones de parados por mor de esta hecatombe.
En esta situación cada Estado de las “democracias occidentales” está en peores condiciones que los USA, no solamente por una estructura económica basada en el consumo interno, también y fundamentalmente, por el importante acopio de capitales procedentes de todas partes fruto del atraco y que obviamente se encuentran en sus reservas como resultado y “propósito” de esta descomunal estafa. (El dólar tiende a erigirse otra vez en moneda patrón de hecho). Y políticamente es una sola voz mientras Europa se desgañita en su artificial montaje de dos poderosos países, Francia y Alemania, y un resto de satélites semicolonizados que incluyen asimismo problemas en sus respectivos senos.
Aunque los USA deban pagar también el precio de la crisis, pues caerán empresas y nivel de vida, lo hará de forma unida, con materias primas nacionales y con abundantes recursos y consumidores.
El panorama ofrece también la perspectiva de un poder político internacional completamente sujeto a la fuerza desnuda, sin vestimenta política democrática ni legalidad nacional e internacional. Es una foto ampliada de lo que en España llevamos años sufriendo, pero ahora y al mismo tiempo, es la gobernación mundial la que hace y deshace a su gusto y gana, en exacta copia de nuestro régimen político, enseñando su hipocresía al mundo, poniendo de relieve la cruda realidad de los políticos enfrentados a los ciudadanos y despreciando a unos nacionales inermes frente al monstruo del despotismo, aunque puestos también en la obligación de sacudirse la mortecina e injusta carga de un sistema destrozado por su propia ambición e irracionalidad.
Mario M. Acosta