sábado, 26 de julio de 2008

La Conciencia Política

España ha superado la apatía por su Nación con una mayor toma de conciencia nacional por parte de los españoles manifestada ultimamente en numerosas ocasiones mediante asuntos como la lengua, la bandera, el himno, los eventos deportivos o concentraciones opuestas a la banda terrorista ETA y la política contra-terrorista. La evidente existencia de la Nación española, secuestrada por el franquismo y ocultada durante decenios por gobernantes, virreyes, ideólogos y comentaristas traidores, ha sido paulatinamente asumida por la opinión pública; no sólo por su existencia centenaria impresa en los genes nacionales de la experiencia histórica, también como imparable resultado ante una situación plena de nacioncillas emergentes y su cortejo de perjuicios, delitos, molestias, escarnios o dificultades irracionales a toda la sociedad, que no dejan otra opción político-social sino la Reconstrucción Estatal Española como única salida nacional.

Ha llegado el turno de la Conciencia Política que debe sumarse a la conciencia nacional recién recuperada. La conciencia política supone una profundización reflexiva acerca de nuestros problemas y cómo resolverlos, una suficiente aprehensión por parte del intelecto de nuestra situación real, extrema, empeorable; revolucionaria en suma. Esa conciencia posee la comprensión individual y el convencimiento social, de estar gobernados por unos enemigos a los que es imposible derrocar mediante la farsa democrática que sufrimos o por medio de unas elecciones falsificadas e inútiles. Esa conciencia está convencida de ver a los partidos políticos oficiales atacando a la Nación y a la sociedad española; esa conciencia conoce, comprueba y sufre, que la actual política nacional es un espectáculo bochornoso para el mundo, indigno, infame, traidor, falso. La conciencia política española ve diariamente la desfachatez, la bellaquería, la arrogancia, el avasallamiento, la insolencia, el atrevimiento, la provocación o el insulto a los ciudadanos españoles, con lo que todos los políticos mienten insistente, reiterada y miserablemente. Y con ellos todo el aparato del Estado, como la Justicia o los Ministerios, convertido en marioneta de sus mezquinos intereses.

Este régimen está potencial e históricamente muerto y la conciencia política española lo reconoce y lo admite con total naturalidad y pesadumnbre. La gobernación pública en España está en manos de unos ineptos, ladrones, traidores y psicópatas; viven completamente al margen de los intereses ciudadanos, despegados del suelo habitan su Paraíso particular. Son en definitiva y en resumen, unos iluminados que defienden fanáticamente sus lujosas vidas por muy grande y ampuloso que sea el delirio justificador de sus delitos. España también pasará a la Historia por haber generado una epidemia nacional de grotesscos Calígulas.

La actualidad desprende la necesidad de expulsar a este Estado enemigo para construir otro fiel a la Nación, y esa labor se realizará mediante movilizaciones populares. Cuanto antes lo hagamos mejor para todos porque menos problemas habrán surgido. Derrocar al Jefe del Estado, cúspide política del poder en España, es el objetivo último de esas movilizaciones. El nuevo régimen no puede ser otro que una República, mas no la continuación de la II, será la primera de los Ciudadanos Españoles, con su bandera rojigualda y su Himno o Marcha Republicana.

La lucha Republicana de los españoles, debe contar con instrumentos políticos adecuados. Los españoles no tienen suficientes estructuras políticas para defender sus propiedades -económicas, sociales, políticas o nacionales- de este ataque” inesperado” por parte de la casta gobernante, que reúne y contiene a todas las castas, partidos, autonomías… fundidos en un solo Enemigo Nacional. Por consiguiente se deberán crear esos organismos inmediatamente ora por iniciativas concretas, ora por generación espontánea, o por ambas cosas a la vez. Serán unas estructuras políticas nuevas que podrán llamarse Juntas provinciales, una forma sencilla y con tradición para organizarse.


No se trata de ideologías, de pareceres u opiniones, lo que se afirma es una sencilla visión de la realidad, la situación nacional pura y dura, la tozudez de los hechos, la constante experiencia práctica y sus catastróficas consecuencias, y la forma más directa y urgente de la Defensa Nacional a la invasión de estos neonazis. Y todo eso no podemos nombrarlo con precisión ni con los nombres del pasado porque la situación española tiene ribetes nuevos, tanto nacional como mundialmente. Es la conciencia política de estos hechos más que la de sus confusos letreros, la que salvará a la Nación Española y a sus habitantes.


Ver también: La conciencia Nacional, Agosto de 2006.
http://marcapola123.blogspot.com/2006/08/la-conciencia-nacional.html

1 comentario:

Arnal dijo...

Lo que ha pasado en España es que nos han vendido una moto vieja desde la transición. Aprovechando que el dictador dejó mala prensa popular a la Nación, que los restos feudales de nobles regionales se apuntaron al festín de la “democracia”, y que la ocasión la pintan calva, los gobernantes españoles han ido haciendo su agosto mientras despojaban a la población de sus conquistas históricas. El método ha consistido en la disolución de los elementos nacionales y en una especie de propaganda chusco-hedonista incontestada popularmente por el creciente bienestar general.

Es la Nación y sus símbolos lo que encierran valores, Educación, Libertad, Democracia, proyectos comunes, horizonte, orgullo colectivo …, del mismo modo que una bandera “contiene” una Nación. Esta “cultura” y esa conciencia nacional, existente en todo tiempo y lugar, ha sido pisoteada en España desde las instituciones con el sencillo objeto de desarmar ideológicamente a unos españoles que han quedado inermes frente a la penetración más salvaje de los “valores” universales del capitalismo, que es decir al albur de explotadores variopintos, sin escrúpulos, sin miramientos, ni tasa, como comprobamos en la actual vida nacional.

Pero no hay mal que por bien no venga, pues la aceleración y crudeza de este proceso “desnacionalizador” en España desde el punto de vista político, ha venido a encontrarse con un proceso mucho más importante y profundo, como es que en la realidad material, en la formación social de intercambios y comunicaciones y en sus articulación territorial, España es hoy más Nación que nunca desde el punto de vista material, y en consecuencia tiene más peso la unidad real de todo tipo, la Nación “realmente existente” aunque no haya estado ausente en la opinión pública, que cualquier intento, discurso o políticas que se opongan a esa evidencia y a esa práctica que la Historia ha construido en nuestro país.

Todo este proceso presente tiene un final muy conocido en la Historia, y es que cuando unos gobernantes no son capaces de mantener el nivel de vida concerniente a cada estadio de desarrollo, y cuando además en nuestro caso vienen a perjudicar al grueso de la población, es la propia sociedad a través de mecanismos ad hoc, -en general invisibles a priori-, la que acaba por resolver el conflicto poniendo las cosas en su verdadero lugar.

Esta pelusa política, esta excrescencia indigna, este tumor infecto que ha generado la Nación Española como casta gobernante, no constituye ningún obstáculo serio a su devenir histórico, no tiene entidad alguna, no supone una fuerza poderosa, no tiene ni futuro, ni alcance, ni redaños, y está condenada a una desaparición inmediata. El hambre en el estómago y las ganas de comer en la cabeza, se unirán próximamente en la mayoría de los españoles para realizar otra de sus hazañas ejemplares: construir una Nación a la medida de los tiempos, como Dios manda y como demanda la Historia.